Producción
Cómo se hace un video con inteligencia artificial
El primer video AI que hicimos fue un caos: sin tutoriales, semanas de intentos, y una regla que nunca cambiamos — prompts simples, siempre.
Nuestro primer video AI fue un caos. No existían tutoriales: tuvimos que experimentar durante semanas, probando y equivocándonos, para lograr apenas una escena de pocos segundos. De ahí nació nuestro método — y no ha cambiado mucho desde entonces.
Siempre se parte del script, nunca del prompt
El trabajo nunca empieza con la generación de un clip o de una imagen. Empieza mucho antes. El primer paso, en cada video que hacemos, es escribir un script donde delineamos el objetivo, el porqué lo estamos haciendo, a quién va dirigido el video. Antes del qué y del cómo, pensamos en el por qué y en adónde queremos llegar.
La inteligencia artificial no cambió esto. El punto de partida sigue siendo siempre nuestra experiencia, lo que vemos y vivimos cada día — después lo reelaboramos a través de la AI para darle una forma nueva.
Por qué no creemos en los prompts complicados
Nunca creímos, y seguimos sin creer, en prompts complejos de 14 páginas de Word. Los nuestros están hechos de pocas líneas: decimos solo el movimiento o el encuadre que esperamos. Por experiencia, cuanto más complicas el prompt, más riesgo hay de que la petición se malinterprete o genere alucinaciones.
No es pereza: es que una instrucción simple le deja al modelo menos margen para confundirse, y a nosotros más control sobre qué descartar y qué conservar. Para un solo video de producto generamos más de 27.000 imágenes.
Lo que parece fácil suele ser lo más difícil
Hay algo que rara vez se cuenta: solo se ve el resultado final, nunca cuántos intentos hicieron falta para llegar a él. Las escenas que parecen más simples — una persona caminando, un líquido que se vierte, una transición entre dos ambientes — son casi siempre las que cuestan más trabajo.
En uno de nuestros primeros videos intentamos hacer entrar un dron en un torrente hasta una jarra que vierte agua en una moka. Una idea que yo quería con muchas ganas. Fue un fracaso total en términos de tiempo y costos. La mantuvimos de todos modos, porque el resultado nos gustaba.
La consistencia es el verdadero problema
Con la AI generativa no tienes la posibilidad de obtener al mismo tiempo cinco o seis ángulos coherentes de la misma escena. Un producto puede cambiar de forma y tamaño en cada generación. A un paisaje le cuesta mantenerse idéntico si solo cambias la luz, del sol a la lluvia. Es el límite más concreto con el que trabajamos cada día, no un detalle técnico marginal.
Cuando la AI no alcanza, se vuelve a las herramientas clásicas
El acabado cinematográfico de una imagen generada puede ser hermoso y el producto real dentro de ella estar mal — cambia de forma, pierde los detalles de marca. En esos casos el paso final es manual: Photoshop, no otro modelo. Saber cuándo detenerse con la AI y volver al trabajo tradicional es parte del oficio tanto como saber escribir un prompt.
Se vuelve a empezar de cero, a menudo
Nueve de cada diez veces un video arranca, llega al 70% del trabajo y luego vuelve a empezar de cero, porque algo — una ambientación, un tono, un personaje — deja de convencernos. No es un fallo del proceso: es el proceso.
Las herramientas cambian, el método no
En un solo proyecto usamos al menos cinco o seis inteligencias artificiales distintas — generación de imágenes, upscaling, generación de video, edición. Las herramientas que preferimos cambian cada pocos meses; lo que escribimos aquí arriba, en cambio, es la parte que nunca cambia, sin importar qué modelo salga el próximo año.
Si estás evaluando un video corporativo y quieres entender qué esperar del proceso, mira cómo trabajamos los videos corporativos. Si en cambio quieres aprender el método completo, con ejercicios sobre tu propio material, encuentras el recorrido completo en